De
forma excepcional voy a hacer algo que considero muy poco elegante, que es
escribir una réplica pública a una alusión que se ha hecho a mí en la prensa.
El motivo de esta réplica es un artículo titulado “Corrida flamenca”, firmado
por Jaume Subirana y publicado en El periódico de Catalunya el día 6 de marzo
de este año. El artículo de Subirana puede encontrarse aquí: http://beta.elperiodico.es/es/noticias/opinion/corrida-flamenca-2332718
En
dicho artículo, Jaume Subirana protesta sobre la ausencia de escritores en
lenguas no castellanas de España en el Salón del Libro de Bruselas que se ha
celebrado este fin de semana, y al que yo fui invitado como integrante de una
delegación de escritores españoles. Va por adelantado que tiene toda la razón
en su queja. La delegación no representa en absoluto a la literatura en catalán
a la que Subirana pertenece en calidad de poeta, traductor y académico.
Subirana da voz a una indignación histórica perfectamente justificada, en la
medida en que las instituciones españolas, no solamente culturales, han obviado
tradicionalmente la promoción, y en este caso la promoción internacional de la
literatura en catalán, euskera, gallego, asturiano y demás lenguas minoritarias
de la península.
Yo iré
más lejos que él. La delegación de autores españoles tampoco es representativa
de la literatura que se escribe hoy en día en castellano. Para que se me
entienda, la delegación se componía básicamente de autores de novela histórica
y novela negra, con una media de edad de unos sesenta años (el cálculo es mío)
y estaba muy centrada en eso que se llama el “best-séller” o novela comercial.
Muchas facetas de la literatura española quedaban fuera, entre ellas las
lenguas minoritarias.
Sobre
esa selección de autores en la feria, por llamativa que me pareciera, no tengo
nada que decir. La cuestión de la representatividad es peliaguda, y diferentes
individuos o instituciones seguramente construirían equipos completamente
distintos. No es la gente a la que yo habría invitado, tal vez, pero yo no me
puedo poner en la cabeza de los demás y por lo que a mí respecta toda opinión
es válida. ¿Qué demonios quiere decir representatividad en este contexto? Pese
a todo, Subirana tiene razón. Se agradecería una mirada más plural, que él en
su artículo define en términos de “acatamiento”. Acatamiento al Artículo 3.3 de
la Constitución que establece la obligación de defender la pluralidad
lingüística del estado español. Simplemente sucede que la Feria del Libro de
Bruselas de 2013 ha apostado por un tipo concreto de literatura española, que tal vez
coincida con el gusto del público mayoritario que compra libros españoles.
¿Cuál
es entonces mi problema con el artículo de Subirana?
Mi
problema llega cuando el tono airado da paso al insulto, y en este caso el
insulto a mi persona y a la de otros autores que fuimos invitados. Yo no elegí
ser invitado, pero acepté con agradecimiento la invitación, que me permitía
además prestar apoyo personal a los editores de mis libros en Francia. Estoy
seguro de que es el caso del resto de autores que asistieron al Salón de
Bruselas. A los organizadores del Salón y al Instituto Cervantes, que corrió
con mis gastos, solamente les puedo reconocer y agradecer su apoyo y su
solicitud.
En
dicho artículo Subirana nos llama a mí y a otros tres autores (Víctor del
Árbol, Javier Cercas y Alicia Giménez Bartlett) “catalanes aclimatados”, en
alusión al hecho de que escribimos nuestros libros en castellano. Para
rematarlo, titula su artículo “Corrida flamenca” y se permite insinuar
claramente que nos hemos acomodado al poder de alguna manera para promocionar
nuestras carreras.
La
verdad es que las corridas flamencas no forman parte de mi cultura personal más
que de la del señor Subirana. Esto él lo debe de saber muy bien. No sé lo que
es una corrida flamenca, pero sospecho que para él constituye una síntesis de
conceptos de la España cañí y carpetovetónica. Además de ser catalán, yo soy
trilingüe, y mi cultura personal es probablemente igual de híbrida que la de
Subirana, o que la de muchas personas del mundo actual. De los tres idiomas que por razones familiares hablo y escribo perfectamente, el castellano es la
lengua en la que escribo novelas. Pero mi carrera como novelista no me define
como persona. Está al mismo nivel en mi vida que mi “carrera” como padre, por
ejemplo, que tiene lugar en catalán, o mi carrera como traductor y mi bagaje en
Estados Unidos, que como es lógico requieren mi uso del inglés. En mi familia
no solamente hay diversidad idiomática, sino que también conviven, por ejemplo,
católicos, judíos y cuáqueros. Vivo en un barrio de Barcelona donde convive media docena de
idiomas con otros muchos minoritarios.
Otros
puntos del artículo de Subirana me parecen igualmente cuestionables: sin ir más
lejos, considerar hoy en día que Carlos Salem no es un escritor español, además
de argentino, es algo considerablemente feo y hasta xenófobo. Pero no entraré
en eso.
Yo no
soy un escritor aclimatado. Quienes me conocen saben que, si algún problema
tengo, es precisamente mi incapacidad para aclimatarme. Me gano la vida
traduciendo novelas y jamás nadie me ha hecho ningún favor. Tampoco los he
pedido. No le hago coba a ninguna institución de ninguna clase. Javier Cercas
se gana la vida escribiendo novelas, que es más de lo que muchos pueden decir.
Yo lo conozco y no me parece una persona acomodaticia en absoluto. La relación
de Subirana con el mundo académico e institucional es mucho mayor que la mía, y
jamás se me ocurriría insultarle llamándole aclimatado por eso.
El
trasfondo del artículo de Subirana es la cuestión de la identidad cultural de
los escritores catalanes que escriben en castellano. Este colectivo tampoco es
del todo homogéneo. Están los autores catalanes que escriben en castellano
porque se educaron en esa lengua por razones históricas. Están los autores
catalanes que escriben en castellano porque son inmigrantes o hijos de
inmigrantes. Están los que lo hacen de forma ocasional porque les apetece, o
bien cambian de idioma entre libro y libro. En mi caso, empecé a escribir y
publicar en castellano porque mi primera oportunidad me la dio el mercado
editorial en castellano, representado por el editor de Mondadori. Jamás he conocido a ningún escritor
catalán que escribiera en castellano para aclimatarse. Ni uno solo. Y esto
el señor Subirana, porque no es tonto, TAMBIÉN lo sabe.
Los
catalanes hemos manifestado en los últimos comicios nuestra voluntad
mayoritaria de ejercer el derecho a la autodeterminación y de que se reconozca
nuestra identidad nacional. Hemos abierto embajadas culturales en el extranjero
y en 2007 mandamos con orgullo una delegación de autores en catalán a la feria
del libro más importante de Europa. Esto fue un momento histórico que todos
reconocemos. Hemos fundado nuestras instituciones propias, como el Institut
Ramon Llull, dedicado a la promoción internacional de la lengua y la literatura
catalanas, de forma análoga a lo que hace el Instituto Cervantes con la lengua
y la literatura castellanas. (Yo he sido apoyado por ambas instituciones, por
la condición doble de escritor catalán y español que me confieren mi nacimiento
y mi uso literario del castellano. Ambas hacen un trabajo igualmente
encomiable). La literatura en catalán todavía está lejos de obtener el
reconocimiento internacional que merece dentro de las literaturas europeas,
pero está en camino de obtenerlo, y todos deseamos que suceda cuanto antes.
El
futuro político de nuestro país es incierto. Es posible que nosotros o nuestros
hijos veamos una Catalunya independiente. La idea nos excita, nos atemoriza y
nos envalentona a partes iguales. Unos nos sentimos más cómodos con ella y
otros no. Pero es el camino que hemos elegido, y al final de ese camino
estaremos TODOS. El catalán será el idioma de Catalunya, pero en Catalunya
habrá creadores que se expresarán en muchos idiomas distintos, no solamente en
catalán y castellano.
A
medida que la lengua y la literatura catalanas tengan una mayor prominencia en
el panorama internacional, tendrán que aclararse ciertas cuestiones. Una de
ellas es si queremos ser representados por el país del que parece que queremos
irnos, una representación que Subirana pide explícitamente, o bien si queremos
reforzar nuestra presencia internacional de forma independiente. Es posible que
esa independencia me excluya a mí, convirtiéndome simplemente en una persona
catalana y un escritor español, dos entes separados, y yo lo aceptaré, por
supuesto. El panorama del mundo actual, sin embargo, no parece sugerir que la
Catalunya del futuro, dependiente o independiente, estará poblada únicamente
por hablantes del catalán. Muchos catalanes sienten que nos fueron impuestas
una inmigración, un idioma y unas leyes destinadas a diluir nuestra cultura. En
el futuro, cuando Catalunya sea un país normal, es probable que muchos vuelvan
a apreciar a todos los que usamos más de un idioma.
Conclusión:
me gustaría mucho que el señor Jaume Subirana me diera una explicación de por
qué me ha llamado aclimatado. Que hay cierta voluntad de insulto me parece
obvio. Pero si me entero de que el señor Subirana ha insinuado que me he
vendido a la lengua del poder político o cultural, o incluso, Dios no lo
quiera, que soy menos catalán que él por escribir en otro idioma, le responderé
con toda la violencia que la ley me permita.
















