Publiqué ayer en ABC este breve artículo sobre Los que sueñan el sueño dorado de Joan Didion. Aunque no hace justicia al libro, es mi breve aportación a la promoción de este libro fabuloso que he tenido la suerte de traducir.
La
historia del “redescubrimiento” de Joan Didion por parte del público es bien
conocida: en 2005 obtuvo el National Book Award por su libro El año del
pensamiento mágico
(publicado aquí por Global Rhythm Press), una escalofriante crónica de la
muerte de su marido y colaborador durante cuatro décadas, escrita con un estilo
alucinado, parco y caótico al mismo tiempo, obsesivo y aterradoramente gélido.
Una obra a años luz del tipo de memorias que suelen figurar en las listas de
los más vendidos. El éxito de este libro, escrito en su habitual amalgama de
autobiografía neurótica con Nuevo Periodismo expresionista (por llamarlo de
alguna manera), propició algo mucho más importante: el hecho de que toda su
obra anterior de no ficción se reeditara en un solo volumen, We Tell
Ourselves Stories In Order To Live (2006), del que ahora Mondadori publica en
España una extensa y ambiciosa selección con el título Los que sueñan el
sueño dorado.
Increíblemente
oscura y extraña hasta el punto de desorientar, Didion se desmarca en mi
opinión de otros cronistas de la desintegración de la sociedad americana por su
manejo casi alquímico del malestar, su estilo provocativamente caótico y su
desafío de las convenciones de un género –el Nuevo Periodismo–
anti-convencional por definición. El fantasma del trastorno mental nunca
abandona unas páginas que hurgan en el trastorno social y político, de forma a
veces malvada y a veces simplemente aturdida, hasta que ambos trastornos
terminan por identificarse. El humanismo deja paso a la ansiedad. Las piezas
centrales de esta colosal antología –“Arrastrarse hacia Belén”, “El álbum
blanco” o “Viajes sentimentales”– perduran en la mente como fantasmas. Más allá
de su condición innegable de retablo terrible de una época, la que va de
finales de los 60 a los oscuros 80, Los que sueñan el sueño dorado es una ventana a un corpus
literario colosal, comparable en estatura y en tonalidades con las obras de
John Cheever, Hunter S. Thompson, Joyce Carol Oates o Jerome Charyn.

Leí tu artículo ayer, sábado, en las páginas culturales de ABC. Y coincido con el final del mismo: el aroma a los ilustres que nombras. Cuánta gente desconoce a esta autora, que es coetánea de gente como Capote, Talese o Wolf. No me lo pierdo y Gracias. Saludos
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