Tengo
por costumbre no escribir sobre los libros que traduzco, creo que por una razón
comprensible: trabajo con muchos editores, todos magníficos, y no me gusta dar
publicidad al trabajo de unos sobre el de otros. Sin embargo, he decidido hacer
una excepción con La casa de hojas de Mark Z. Danielewski (de próxima
publicación en Alpha Decay/Pálido fuego), por varias razones. No solamente
porque es un libro absolutamente extraño y fascinante, y además uno de los más
divertidos de traducir que me he encontrado nunca. Principalmente quiero
escribir unas líneas porque conozco la historia de este libro, el fanatismo de
sus seguidores y su capacidad para generar controversia y hacer correr ríos de
tinta en las redes. Conociendo también la escena literaria española, imagino
que el libro dará que hablar, aunque sea en un contexto restringido, y me
apetece adelantarme a cualquier posible debate con mis propias opiniones. En
los doce años que hace que se publicó la primera edición en Estados Unidos, ha
habido en nuestro país varios intentos de publicar esta obra (yo por lo menos
tengo conocimiento directo de varios), frustrados por cuestiones diversas
asociadas con adelantos, costes de producción y demás, y el anuncio de su
publicación final a través de un consorcio de dos editoriales independientes
despertó el año pasado cierta expectación entre los aficionados españoles a la
literatura estadounidense. Estoy convencido de que la edición española no
defraudará esa expectativa. Personalmente no me convence demasiado la dirección
que Danielewski tomó después de La casa de hojas, pero es imposible no reconocer
la originalidad y el interés de su obra de debut.
La
casa de hojas
es famosa por varias cosas. En primer lugar, por su uso complejo y profundo del
formato del libro. De hecho, pese a que en muchos sentidos es una de las cimas
del hipertexto literario, La casa de hojas me parece absolutamente inimaginable en
formato electrónico. Es un libro irreductible al e-book. Sus múltiples cadenas
y niveles de autorreferencialidad se apoyan firmemente en su condición de falso
aparato de notas a una falsa disertación académica, con los distintos niveles
de metatextualidad señalados con cambios de tipografía y color de la tinta. Por
otro lado, los vínculos entre cadenas de apéndices al texto o notas al pie a
menudo están rotos, de la misma manera que el texto está incompleto y
constituye en todos los niveles el opuesto del formato académico que él mismo
satiriza. Además de esto, La casa de hojas es famosa por ser de las pocas obras mainstream de los últimos tiempos que han
empleado con éxito “texto liberado”, por usar la expresión de Marinetti, es
decir, que no tiene una maqueta preestablecida sino que crea continuamente
caligramas y dibujos con el texto. Por último, y esta es una de las
peculiaridades de la novela de Danielewski que le han conferido una extraña e
inquietante segunda vida en Internet, La casa de hojas está plagada de supuestas
“claves secretas” dentro del texto, escondidas en forma de anagramas, acróstico
y acertijos, que sus fans discuten acaloradamente en los foros que el propio
autor, con gran astucia, ha ido abriendo en Internet a lo largo de los años.
Todas estas razones han convertido La casa de hojas en el gran libro-objeto de la
narrativa americana de las últimas décadas, en sus distintas ediciones (la
primera edición americana, por ejemplo, no incluye una buena parte del material
de los apéndices, mientras que existen ediciones expandidas y con distintos
patrones de colores de tinta). El hecho de que esta condición de libro objeto
se tenga que retener en las distintas ediciones traducidas a otras lenguas es
en gran medida la clave de las dificultades y costos que plantea su traducción.
Existe
–al menos en nuestro país– una percepción de la tradición en la que se sitúa La
casa de hojas
que me parece no exactamente errónea, pero sí incompleta. Muchos que la han
leído la sitúan sin dudarlo en la tradición de Pynchon, Gaddis y Barth, que
tiene en David Foster Wallace a su apóstol más reciente. Es obvio que hay algo
de verdad en todo esto, y ciertamente La casa de hojas es uno de los grandes hitos del
gafapastismo literario de la década pasada, junto con La broma infinita,
Submundo o Stone
Junction. Yo,
sin embargo, debo de ser el único que ve la novela de Danielewski un poco al
margen de esa tradición. En gran medida, cuando digo que La casa de hojas es una primera obra
tremendamente original me estoy refiriendo a la dificultad de encontrarle una
genealogía de progenitores literarios; es un libro que se parece muy poco a nada.
La crítica ha señalado el parecido indudable, tanto argumental como conceptual,
con Moby Dick
(la obsesión de Navidson con su casa se compara explícitamente en el mismo
texto con la de Ahab), además de su sección de extractos, su condición
calidoscópica y su exceso de material. También está la comparación obvia con Pálido
fuego, por el
hecho de que ambos son una falsa edición anotada.
Yo
añadiría como precedente a varios niveles Fascinación de Don Delillo. Y obviamente,
aunque no salga en los manuales, El resplandor de Stephen King. En general, el propio libro
consigue despistar bastante bien de su naturaleza obvia de novela de terror. No
en vano, estamos hablando de una novela que consiste en la introducción y las
notas que un loco escribe a una disertación académica que hace otro personaje
ciego y desequilibrado sobre un documental que nadie encuentra y que probablemente
no existe acerca de una familia que compra una casa encantada. La parte de la casa
encantada queda un poco relegada a un segundo plano en las explicaciones de la
novela, pero La casa de hojas es totalmente una novela de casa encantada. Su poder reside
ahí. Su manejo del género, que adapta con tremenda pericia elementos del
simbolismo y del expresionismo, desde Mallarmé, Rilke y Kafka hasta el propio
Melville, le permite convertir la casa de
Navidson en un vórtice poderosísimo de asociaciones simbólicas que deben mucho
más al legado literario del fin de siglo y el primer modernismo que a la
tradición postmoderna. Explotando esas asociaciones por medio de una técnica
literaria basada en explicitar sus propias referencias, citas y patrones y
explotarlas hasta un punto de sobresaturación, la casa
se convierte en un nodo metafórico que escapa con éxito (gracias a esa misma
saturación) de toda interpretación mecánica o fácil: representa la vida
familiar, es cierto, y también representa la propia idea de casa en un sentido
atávico, en tanto que polo de un binomio dentro/fuera cuyo trastorno es uno de
los grandes ejes argumentales del libro.
Sin
embargo, pese a que sus ramificaciones interiores y su oscuridad son
representaciones de los fantasmas en el armario de la familia Navidson, del romance familiar freudiano y de los
traumas de todos sus integrantes (la novela tiene una lectura psicoanalítica
apasionante, que Danielewski deja esbozada), el autor consigue escaparse de esa
esclerotización del sentido. La casa de Ash
Tree Lane es todo y nada, es una ballena blanca capaz de asumir todos los
significados y ninguno, un símbolo hermético y mallarmeano, una divinidad a la
que se accede a través de la negación absoluta de todo, al modo místico, y una
incapacidad para articular. Gran parte de ese éxito de representación, creo yo,
viene de su descripción de la casa. De las partes “de género”, las que parecen
una película de terror, los infinitos cambios de la casa, sus expansiones y sus
ataques (yo pasé miedo auténtico la primera vez que leí el libro). La
imaginería de terror de La casa de hojas es fresca y poderosa, y de las pocas que no
han sido cooptadas y vulgarizadas por el cine, precisamente por su condición
intrínsecamente textual y resistente a la traducción.
No
sigo lo bastante la escena literaria como para calibrar la importancia relativa
de un libro como La casa de hojas en el contexto americano o internacional de
las dos últimas décadas. Hay quien la considera un hito narrativo de primera
magnitud o hasta la obra de un genio. La dificultad de su publicación puede sin
duda magnificar su leyenda. La leyenda existe, sin duda, y una parte de ella se
puede achacar a las virtudes de la (auto) promoción. En España creo que puede
despertar pasiones entre una parte del público de la misma manera en que las ha
despertado en Estados Unidos, en Alemania o en Francia. De la misma manera, no
hay duda de que habrá quien reaccione de forma escéptica y hasta defensiva,
conociendo el panorama, y máxime teniendo en cuenta las idiosincrasias de sus
editores de aquí. Pero para mí la novela tiene una magnitud y un poder
irrefutables y hablo de poder de fascinación, en el sentido de no poder salir
del libro y de su mundo, de que tu imaginación quede absolutamente atrapada por
él, durante meses, y que después ya nunca se vaya del todo de tu cabeza. Como
he dicho antes, no soy muy fan del Danielewski posterior, especialmente del de Only
Revolutions,
pero me quito el sombrero ante lo que hizo con su primera novela. La gran mayoría
de lanzamientos editoriales se pierden en las mesas de novedades, y
especialmente la narrativa traducida por editoriales pequeñas y colecciones
literarias. Es por eso que escribo unas líneas para decir la mía y llamar en la
medida de lo posible la atención de los lectores que puedan estar interesados en esta extraña obra.






Muchas gracias Javier por tan magnifica excepción. Cuando me enteré que estabas detrás de la traducción de esta joya casi me pongo a aplaudir con las orejas. Magnifica entrada, enhorabuena.
ResponderEliminarSi tú te quitas el sombrero ante esta, a priori, fascinante novela de Danielewski yo me quito la gorra ante la reseña con la que nos presentas a un autor al que muchos desconocemos por razones obvias, lógicamente la traducción de su obra aquí. Por cierto, celebro que hayas disfrutado ante tamaña y titánica tarea...
ResponderEliminarDudo que sea un superventas pero todo apunta a que puede convertirse en una de esas novelas de culto de las que disfrutan muchos buscadores de joyas exóticas. Tan sólo una duda: ¿Esas claves secretas conducen a una conclusión definitiva, o fin de trama con desenlace cerrado, o como me temo cada lector resolverá el acertijo de su final a su propio criterio o the end abierto?
Si dios es una casa, cada uno en la suya que lea lo que quiera, seguro que en la de todos no entrará esta rareza, en la mía supongo que sí. Llámalo curiosidad. Saludos.-
Hace a algún tiempo que escribí en mi blog que eras la persona que debía traducir "House of leaves". Y creo recordar que declaraste alguna vez que no creías que lo fueras a hacer.
ResponderEliminarMe alegro de que alguien te haya sabido convencer.
Enhorabuena por la faena que te han encomendado, Javier, y gracias por tu post. A mí también me ocurre que cuando emparentan House of Leaves con el experimentalismo de Pynchon y otros, no acabo de verlo claro.
ResponderEliminarPor otro lado, ¿has pensado escribir un making-of de tu labor de traducción? Estoy deseando que aparezca tu versión para saber cómo has lidiado tamaña bestia.
Solo me gustaría preguntar (a lo cual dudo que alguien me responda) ¿estará disponible en México?
ResponderEliminarLa editorial española distribuye en México, pero creo que en una cantidad restringida de librerías. Lamento no ser más preciso, pero es lo único que sé.
ResponderEliminarEs un libro extraordinario, que leí en inglés (mi segunda lengua) el año pasado. Estudio lenguas y traducción en la universidad y cuando lo leí por primera vez me fascinó el problema de traducir una obra tan complexa, donde hasta la palabra más insignificante tiene una importancia enorme. Como la versión en italiano (mi primera lengua) me pareció muy inferior al original, será interesante ver los resultados en español (mi tercera lengua).
ResponderEliminarBuena suerte en el trabajo!
He llegado aquí recién enterado de que por fín va a haber edición en español de este libro. Se sabe algo sobre la fecha concreta en la que saldrá? Una acotación aunque sea?
ResponderEliminarMuchas gracias, por tu labor, y muy buena la entrada.
En otoño de este año.
ResponderEliminarMuchas gracias.
EliminarEstoy deseando de que salga este libro. Tengo muchísima curiosidad por leerlo.
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