Los
trasvases entre la performance literaria y el concierto de rock o el concierto
de música electrónica nos están acostumbrado a un continuo cada vez más amplio
de formas híbridas. Como es natural, el poeta-performer (una figura que ha
generado por contigüidad al narrador-performer y al ensayista performer) quiere
absorber no solamente la intensidad del rock, sino también su capacidad para
apelar a un conglomerado de sentidos y de alterar la conciencia. En este
contexto, la asombrosa banda barcelonesa Triulet merece un comentario mucho más
extenso y sobre todo más lúcido que el que puedo hacer yo aquí. El núcleo
original de Triulet son los músicos Miquel Ferrés, Gerard Rosich y Nicolàs
Bernard (los dos primeros ex integrantes de los inclasificables Ivo Naïf). Activos desde hace unos cinco o seis años, en 2009 Triulet publicaron su
primer álbum, Aridmètric, un disco instrumental que sentó las bases de su
sorprendente sonido: un rock experimental árido y oscuro, gélido sin ser
abstracto, que pasa planeando por encima del rock cósmico, de cierto sonido
abrasador de los 80 (Swans, Fugazi) y del post-rock de hace una década, para
erigirse en una propuesta monumental, equidistante de Bartok, de Lovecraft y de
una banda sonora macabra. Con este punto de partida, Triulet dieron un
salto sin red con su siguiente proyecto: su asociación con el activista,
antropólogo, performer y poeta punk Gerard Horta.
La
asociación Triulet-Horta engendró Balada de l’Holandès Errant, un espectáculo que estuvo
representándose en directo durante un par de años, que fundía los temas
musicales de Aridmètric con el poema homónimo de Gerard Horta y del que existe
una grabación publicada en CD que plasma bastante bien la fuerza del directo.
Este disco, que debería ser de cabecera para todo seguidor de ese género
anfibio que se da en llamar spoken word, supone un acto apasionante de alquimia. La
poesía de Horta y la música de Triulet invocan algo mucho mayor que la suma de
ambos componentes. Para quien no lo conozca, La balada de l’Holandès Errant (2005) de Horta es un largo
poema épico a cuatro voces, con elementos de distopía, de diatriba política
poundiana, de poesía beat y de punk rabioso a lo John Cooper Clarke. Es también
una extensa mitografía, centrada en torno a un antihéroe marciano conocido como
l’Holandès Errant, que transita del salvajismo hasta un éxtasis gnóstico,
trazando por el camino una abrasadora diatriba contra nuestra época y sus males
políticos y sociales. La fusión con la poesía de Horta tiene el efecto de
resaltar las aristas y la bilis de la música de Triulet, mientras que el rock
fantasmal de Triulet le da a la poesía de Horta un tono todavía más amenazador
y apocalíptico. Cuesta imaginar un matrimonio más feliz entre dos conceptos
artísticos, y sin embargo, la historia de Triulet todavía tiene un tercer
capítulo posiblemente más apasionante.
Durante
los dos últimos años, Triulet i Horta empezaron a incorporar a sus directos a
un cuarto músico, Ignacio Lois, y al enorme Enric Casasses en calidad de
segundo poeta. Con esta nueva formación llevaron a cabo espectáculos como el de
l’Antic Teatre en junio de este año o el titulado “Revolució”, en la Plaça de
la Revolució de Gràcia el pasado 8 de septiembre. Los nuevos temas a los que
Casasses iba poniendo textos supusieron una nueva vuelta de tuerca en el
espíritu de la banda, y fueron componiendo el que sería el tercer álbum de la
banda, Tira-li l’alè, que se publica por estas fechas. Es difícil definir qué aporta el
imaginario y la tremenda personalidad de Casasses al sonido del grupo.
Ciertamente una exploración más profunda del lenguaje, más entroncada con las
vanguardias y con lo mistérico. El ethos rebelde e irreductible de ambos
poetas, Horta y Casasses, tiene un parentesco indudable, y en cierta manera la
contigüidad de ambos sobre un escenario resulta muy orgánica. Con Casasses,
Triulet pierde bilis, gritos y cierta terrenalidad que, sin duda, hace la parte
textual más accesible. Sin embargo, gana una oscuridad más sutil, cósmica, a
veces juguetona y a veces increíblemente espinosa y temible. Ciertamente
Casasses no ha sonado nunca tan amenazador, ni siquiera para los que hemos
seguido a lo largo de las décadas su faceta rock con Pascal Comelade, Don
Simon/Telefunken y el resto de sus bandas. Con Casasses, la música de Triulet se transmuta en un metal experimental, mucho más pesado y
contundente, uno de los sonidos más extremos de la escena local .
Su propuesta musical nunca ha sonado tan firme y clarividente. Por otro lado,
liberados de la mayor interdependencia narrativa mutua que tenían los textos de
Horta, los poemas musicados de Triulet-Casasses acaban siendo más orgánicos y
efectivos. Un cancionero hipnótico y apocalíptico, con puntos álgidos como
“Quadrat negre”, “En la nit artificial” o “Oda a Espanya”, que en mi opinión
sublima muchos de los elementos más fascinantes de una escena, la de la
performance poética-musical barcelonesa de las últimas décadas, que merece una
atención mucho mayor de la que ha obtenido fuera de la ciudad. El 15 de noviembre, en
el centro Tradicionàrius, Tira-li l’alè será representado en directo en el que
promete ser uno de los eventos musicales y literarios del año.



Javier, quina alegria trobar per fi un paio que ho pesca i ho frueix i ho explica: t'agraeixo la generositat company, salut i endavant!
ResponderEliminarGerard Horta
Fantàstic text que recull l'essència i esperit d'un projecte músical excepcional.
ResponderEliminarAngèlica