10 agosto 2012

MOONCHILD CASI DIEZ AÑOS DESPUÉS

Primera edición de Moonchild de Mandrake Press

Desempolvo una vez más mi entusiasmo de fan para escribir unas líneas sobre una novela que me fascina y que además cuando la leí por primera vez (más o menos en la época en que estaba escribiendo Los ríos perdidos de Londres) contribuyó bastante a cambiar mi visión de la literatura. Me explico. Escrita en 1917, y por tanto más o menos contemporánea de las obras de eduardianos insignes como Barrie, Chesterton, Kipling, Shaw, Wells y compañía, Moonchild de Aleister Crowley es una novela casi unánimemente vituperada por la Historia de la literatura. Gran parte de la opinión furibunda sobre ella –y sobre la obra literaria de Crowley en general– viene de la consideración de su autor como un charlatán, un engañabobos y un iluminado (en el mal sentido de la palabra). De Moonchild se ha dicho, por ejemplo, que es un libro tedioso (completamente falso), un vehículo para las peroratas ocultistas y paracientíficas de su autor (falso, aunque sí que hay ocultismo y paraciencia), un libro de doctrina mal camuflada (no del todo cierto), que está horrorosamente escrito (no es verdad, aunque el estilo de Crowley es ciertamente rimbombante y extraño) y que su trama está mal construida (no estoy de acuerdo).
Lo cierto es que Moonchild ilustra perfectamente para mí lo irrelevantes que son las consideraciones de la autoridad literaria. Cuando lo descubrí, yo estaba pasando por una fase de liberación de la mentalidad canónica, y Moonchild fue uno de los libros que más me impulsó en esa dirección. En primer lugar porque ratificó perfectamente mi intuición de que un canon literario personal interesante debía nutrirse necesariamente de artefactos rescatados de los rincones olvidados de la tradición. También que todo libro es en el fondo un grimorio: algo que trasciende lo puramente literario por medio del estudio,  la relectura, la devoción y la ceremonia. El hecho de que se trate de un libro denostado casi siempre lo hace más suculento. Además, la verdad es que Moonchild, en contra de las tediosas objeciones de la crítica, es un libro delicioso. Una extraña y fabulosa sátira de la lucha por el prestigio y el poder del periodo eduardiano y los primeros años de la Gran Guerra. Crowley coge tradiciones como la novela de aventuras a lo Verne, la novela de espías y el tratado ocultista para armar una trama que, de haber existido entonces Hollywood, se podría calificar de hollywoodiense, por su instinto para el espectáculo puro y duro. Su espíritu lúdico es indudable, y sus disquisiciones casi siempre se resuelven en forma de ejemplos filosóficos excéntricos, parodias y puras gamberradas. Por sus páginas discurre una ironía que a ratos me hace pensar en Wilde, en Anatole France, Wyndham Lewis y hasta Nietzsche.


Como se sabe, Moonchild arranca en Londres, donde la “party animal” Lisa La Giuffria es captada por la Orden Sagrada de los ocultistas Simon Iff y Cyril Grey y se ve atrapada en medio de la guerra que la Orden mantiene con la Logia Negra, una organización de hechiceros rivales. Lisa es llevada al templo de la Orden en Nápoles, donde es transformada en sacerdotisa lunar y usada como vehículo para engendrar al Hijo de la Luna, ser místico cuya llegada anunciará el Nuevo Eón. La historia de las visiones y metamorfosis de Lisa (ahora Soror Iliel) se alterna con la deliciosa narración de los cuatro horripilantes ataques mágicos que la Logia Negra emprende contra el templo de la Orden, empleando sucesivamente la magia simpática, la necromancia, el sacrificio humano y la magia sexual. La irrupción de la Gran Guerra le da un vuelco a la trama donde se prefiguran elementos de ciencia ficción e Historia alternativa, con los adalides de la Orden manipulando uno de los episodios más famosos de la Guerra.
En cierta manera, Moonchild es el thriller oculto por antonomasia, en la tradición que más tarde estilizarían autores como Dennis Wheatley, Dion Fortune o Ira Levin. Sin embargo, va mucho más allá. La sátira que lleva a cabo de la vida social y la banalidad desemboca en sátira política y burla de la guerra, y va de la mano con una magnífica parodia del espiritismo y la magia eduardiana (la Logia Negra del libro es una famosa trasposición de la Orden del Amanecer Dorado, grandes enemigos de Crowley desde que abandonó sus filas). Se me ocurren pocas novelas tan perversas, divertidas y al mismo tiempo inspiradoras. Quien se acerque sin prejuicio podrá ver enseguida más allá del espectáculo circense de magos contra hechiceros y percibirá una conciencia que, como la de Nietzsche, desarrolló un talento descomunal para la demolición. Una Gran Bestia cuya inteligencia le puede a ratos, pero de cuya compañía uno puede salir genuinamente transformado. Mi relectura de Moonchild, casi una década más tarde, me ratifica en todas estas ideas. La pura suerte ha querido que la releyera simultáneamente con el tercer volumen de League of Extraordinary Men: Century, de Alan Moore, que traza una apasionante secuela de la novela de Crowley y rescata su mito central. Es en parte esa coincidencia lo que me ha animado a compartir –una vez más– mi entusiasmo.

4 comentarios:

  1. No conocía esta novela, interesante descubrimiento del que tomo nota. Por cierto, ¿está editada en español? En todo caso espero que no sea sólo apta para Impostores de Amatistas, ya sabes...
    Curiosamente, y haciendo referencia al inicio del post, acabo de leer "Los ríos perdidos de Londres" y me ha gustado bastante, además en plena temporada olímpica en plan masoquismo british; tampoco sé si esta editada en español "A Russian Beauty"(por aquello de contrastar tu Olga con la rusa de Nabokov...); otra duda de paso, si decides contestar este comment, ¿alguna referencia autobiográfica en "Crystal Palace"?. Por último comentar que "Rosemary" ha resultado ser mi río perdido o mapa secreto preferido de London, vaya que esa historia en particular me ha gustado mucho.

    Venga, saludos y buena sombra veraniega!

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  2. Sí, Moonchild está en español. Hay una edición de 2002 de la editorial Humanitas, que no debería costar de encontrar. El cuento de Nabokov es famosísimo, seguro que también está editado. Crystal Palace es un cuento autobiográfico, en efecto. Y mi río perdido favorito es el último, "Mary Poppins: los ríos perdidos". Mil gracias por tu comentario.

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  3. ¿Ha leído por casualidad la biografía de john Symonds? Da la sensación de que en inglés no se ha vuelto a reeditar, en cambio Siruela sacó la traducción castellana hará tres años. Hay ejemplares de segunda mano (en inglés, claro) por un precio interesante.
    Saludos.

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  4. Sí, por supuesto, conozco las biografías (varias) que escribió de Crowley. De John Symonds son también fascinantes sus novelas, aunque dificilísimas de encontrar.

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