(Publicado originalmente en www.sigueleyendo.es)
Magnífica noticia (al menos para mí): la editorial sevillana El Cangrejo Pistolero publicará una nueva edición en español de Fungi from Yuggoth, el famoso poemario de H.P. Lovecraft. Traduce Luis Gámez e ilustra la sublime Carmen Burguess, los dos intensamente lovecraftianos: solamente hay que ver las colaboraciones de cada uno con la revista Quimera. Este pasadizo insospechado entre ambos me lleva a preguntarme por la esencia de lo lovecraftiano, entendido no ya como simple atracción por lo extraño y lo repulsivo, sino como modalidad idiosincrática de neurosis, muy particular pero más extendida de lo que parece. No sería exactamente una neurosis de tipo místico, sino más bien la combinación de un número variable de los siguientes rasgos mentales: paranoia latente, compulsividad, misticismo moderado, impulso mitologizante, coleccionismo obsesivo, existencialismo impostado, afición por la ropa negra, teratofilia, amor por la astronomía y un abanico variable de fobias donde preponderan normalmente la agorafobia, la fotofobia y la talasofobia. Como he dicho, suena complejo pero es más común de lo que parece. No cuesta nada afirmar que el mundo se divide entre lovecraftianos y gente que no lo es. Tampoco tiene que ver con lo que uno ha leído: personalmente creo que el lovecraftianismo no es más deliberado que el hecho de no entender las matemáticas o de tener una pierna más corta que la otra.
En nuestro país tenemos montones de artistas y escritores que son lovecraftianos de formas muy variablemente (in)/voluntarias. El primero y el más grande de todos fue Joan Perucho, por supuesto, que se jactaba de ser el descubridor español de Lovecraft, en 1954, después de leer una traducción francesa de The Color Out Of Space. El descubrimiento le llevó a escribir ese mismo año su legendario relato Amb la tècnica de Lovecraft, una década antes de que Rafael Llopis escribiera su seminal introducción a Los mitos de Cthulhu, aunque es cierto que el gran divulgador de Lovecraft en España fue Llopis y no Perucho (por distintas razones, la lengua una de ellas, pero sobre todo el temperamento). Son lovecraftianos varios pintores magicistas de la onda Dau al Set, como Joan Ponç, y también lo es, y mucho, la poesía de Cirlot, probablemente el autor más lovecraftiano de todos los que no leyeron a Lovecraft (quien lo dude, que lea Elegía sumeria, por ejemplo). Después vinieron el Lovecraft, Lovecraft de Ofèlia Dracs, inspirado por Perucho, El novísimo Algazife del propio Llopis y hasta un par de guiños en clave juvenil de Joaquim Carbó y Xulio Ricardo Trigo, por no hablar de las primeras revistas de fans en la década de 1990, muchas de ellas espoleadas por la traducción al español del juego de rol La llamada de Cthulhu en 1988.
La nómina de representantes actuales también es respetable. Son explícitamente lovecraftianosVíctor Nubla y Albert Sánchez Piñol. Lo son de forma más o menos sutil el andaluz Luis Manuel Ruiz, Sebastià Jovani, Neguijón de Iwasaki y la revista Males Herbes. Es lovecraftiano Fco. Javier Pérez, probablemente el mejor de todos los contemporáneos, y creo serlo yo también, al menos enCorona de flores y Los ríos perdidos. Hasta hay algo de lovecraftiano en ciertos libros de la generación Nocilla, como Ladrón de morfina de Mario Cuenca, Asesino cósmico de Robert Juan Cantavella y Providence de Juan Francisco Ferré, aunque este último lo es de una forma muy compleja. La obra de Enrique Vila-Matas no es lovecraftiana en absoluto, pero él sí lo es, y mucho. Ahí entramos ya en otra categoría distinta. El tener una figura o un aspecto lovecraftiano también debe ser definido en términos de amalgama. Tener algún elemento físico repulsivo, dar la impresión de ser muchísimo más viejo que el planeta en que vivimos, tener mucho aspecto de profesor de la Universidad de Miskatonic, parecerse a alguna de las especies alienígenas de la mitología lovecraftiana o producir sensaciones indefinibles de inquietud y zozobra, todos ellos son rasgos definitorios, por separado o combinados. Son lovecraftianos en este sentido muchos escritores que viven en mi ciudad. Además, del autor de Bartleby y compañía, lo son Javier Tomeo (sin duda alguna), David Castillo (mucho), Eloy Fernández Porta, el editor Enric Cucurella, Ignacio Vidal-Folch, Maruja Torres (un poco más cada día que pasa) y una larga lista en la que cuanto más me adentre, más problemas tendré en caso de que alguien lea este post. Por tanto, quizás sea el momento de terminar. Hasta que El Cangrejo Pistolero publique su libro, les recomiendo la antología de relatos de Lovecraft que ha publicado hace pocos meses Laertes, La crida de Cthulhu, la primera que yo he encontrado en lengua catalana.


Goog!?
ResponderSuprimirPues una nueva versión de los gloriosos "Hongos..." lovecraftianos siempre será bienvenida. Y más embellecida por los lápices de esa excelente señorita.
ResponderSuprimirSi nos ponemos a comparar en la onda que usted propone... la verdad es que si que hay más de un escritor lovecraftiano por ahi suelto. Y es inevitable acabar teniendo cara de pescao tras tantas horas de lectura, búsqueda en librerías de viejo y comercio sexual con mutantes XDD
Saludos!!
Bien, muy bien. Tengo ganas de ver esas ilustraciones de Carmen Burgess. Además, la mayoría de los escritores que citas me encantan. Ahora toca un escrito sobre Ballardianos ¿los hay en este país? Sobre ballardianos será más jodido.
ResponderSuprimirSaludos.
No estoy seguro, yo imagino que también debe de haber ballardianos. Vamos a pensarlo
ResponderSuprimirHola, America!!!!
ResponderSuprimir¿"Asesino Cósmico" de Robert Juan-Cantavella? Ese título es de Juan "Curtis Garland" Muñoz.
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