29 noviembre 2009

CORONA DE FLORES



Escrita, reescrita, revisada y enviada a ese éter al que se mandan los manuscritos para que se conviertan en libros. Mi tercera novela, Corona de flores ya tiene fecha de salida a las calles: abril de 2010, en la editorial Random House Mondadori que ha publicado todos mis libros hasta la fecha. No hablaré apenas de ella, porque la amo demasiado. Pero bueno: hay magia, hay religión, hay santos, hay ruinas, hay crímenes, hay máquinas extrañas y hay ciencia aberrante. En la línea de mis últimas cosas: "Los niños perdidos de Londres", "Festival de las luces", etc. Me limito a incluir aquí el texto promocional de la editorial Mondadori para quien tenga curiosidad por el argumento y también varias láminas de la Anatomía de Tomás Bartolino, anatomista danés del siglo XVII, que se están barajando para acompañar al texto de la novela. Mientras escribo esto, la artista argentina-berlinesa Carmen Burguess está leyendo el libro para empezar a trabajar en la portada. Para quienes no conozcan su obra, pronto colgaré un post con sus últimos trabajos, de los que soy mega-fan. También creo haber oído a Claudio López Lamadrid decir algo de un cuento inédito / spin-off asociado al libro que acompañaría de alguna manera al lanzamiento de la novela. Por último, llevo meses hablando con la editorial Glénat sobre la posible continuación de Corona de flores en formato de novela gráfica. Todo eso se concretará en breve, espero. Entretanto, ahí va este aviso. Que Dios os bendiga a todos en este día feliz.







CORONA DE FLORES – TEXTO PROMOCIONAL
 El año es 1877. Les presentamos a dos hombres. Semproni De Paula, inspector provincial del Cuerpo de Vigilancia, la policía secreta de la Restauración Borbónica. Diminuto, paranoico, salvajemente violento y casado con la hermosa e infiel Remei de Paula. Y Menelaus Roca, el “Trasgo”, anatomista agorafóbico y fotofóbico con un pasado de locura homicida y una misión visionaria para descubrir el origen eléctrico de la vida. Hace una década, los dos hombres constituyeron una asociación legendaria en el Cuerpo de Vigilancia, el uno como capitán y el otro como anatomista forense del cuerpo. Pero las cosas se empezaron a torcer: Roca elaboró la Hipótesis de la Araña Basal, según la cual un minúsculo parásito endógeno vive dentro del cuerpo y mantiene vivo al individuo. La construcción de la Pseudorquídea, una máquina monstruosa para cazar a la Araña Basal, provocó su expulsión del Colegio de Cirujanos. Poco después, Roca empezó a enloquecer y a soñar con demonios. Trasladó sus experimentos al recinto de su casa de la calle Riudecendra, en el Barrio del Hospital, y allí terminó matando a una paciente en medio de un baño de sangre. De Paula consiguió que le conmutaran la pena de muerte por una sentencia de por vida en la temible Cárcel de la Reina Amalia.
Diez años más tarde, la situación política se ha estabilizado. Barcelona está gobernada por un grupo de poderosos miembros de la Liga del Orden Social, conservadora y alfonsina, entre ellos el actual gobernador, Melcior Estrany. Semproni De Paula ha llegado a Inspector Provincial. Y en este momento de calma relativa dentro de un siglo plagado de sediciones y turbulencias sociales aparece una nueva amenaza. El Asesino de la Esperanza. Un criminal sádico y misterioso cuya misma existencia se pone en entredicho y que ha pasado a convertirse en protagonista de folletines y novelas por entregas. De Paula es convocado por el gobernador Estrany y recibe la orden secreta –llegada desde la misma Corte– de liberar al Trasgo y ponerlo sobre la pista del Asesino de la Esperanza. De esa manera De Paula y Roca vuelven a trabajar juntos. Sin embargo, De Paula no cuenta con que Roca se va a obsesionar con que alguien lo envenenó hasta enloquecerlo y se va a embarcar en una misión personal por los bajos fondos.
Por Corona de flores deambula una cohorte de secundarios a caballo entre lo simplemente inquietante y lo directamente horripilante. Máx Téller, rey del hampa de los bajos fondos del Barrio de Trentaclaus, travestido, absurdamente supersticioso y acompañado siempre de su siniestro monito. Dado Blokium, erudito y pomposo diplomático que trae las órdenes de la Corte. El capitán Lombardo, magnífico bailarín y odioso rival de amores de Semproni de Paula. Aniol Almarrosa, el novelista de moda en la ciudad, autor del folletín decadentista que todos los jóvenes se esfuerzan por imitar, embarcado en una guerra personal contra la moral. Y la más enigmática de todas: Liberata, la criada muda de Menelaus Roca, que mantiene una relación malsana con su patrón y guarda la clave de un misterio trascendental.
Corona de flores es una novela de crímenes, un policial gótico que rinde homenaje a los padres victorianos del género: Arthur Conan Doyle, Arthur Machen y el Charles Dickens de Casa desolada. Hermano de sangre de los clásicos del gótico contempoáneo: desde Flannery O’Connor hasta Donna Tart y Cormac McCarthy. También late en sus páginas la huella de Narcís Oller (el Balzac de Barcelona) y de los dos escritores barceloneses más mágicos y oscuros de todos los tiempos: Juan Eduardo Cirlot y Joan Perucho. En última instancia, la protagonista absoluta de Corona de flores es Barcelona. Un libro sobre la construcción de la ciudad moderna y las fuerzas morales, científicas y mágicas que están en lucha en la misma. El amanecer de la modernidad como cuento macabro. La Barcelona de la fiebre del oro como telón de fondo de un relato de horror esotérico y alucinante.

27 noviembre 2009

IDEAS BY PATRICIO PRON




Me enteré hace una semana de que la traducción que hizo mi mujer Mara Faye Lethem del relato "Las ideas" de Patricio Pron será publicado en The Paris Review, en el número dedicado al otoño boreal. Con esta noticia termina un año excelente para la carrera de Mara: el 2009 ha visto sucesivamente las publicaciones de la edición en bolsillo de The Paris Enigma de Pablo de Santis para Harper Collins, la edición americana de Pandora in the Congo de Albert Sánchez Piñol y la edición americana de mi Wonderful World, además de la fabulosa traducción que hizo de "El fantasma del Cine Roxy" de Juan Marsé para Reading Room. Entretanto, ha estado ultimando el texto de la vasta Learning To Lose (Saber perder) de David Trueba, que saldrá publicada a ambos lados del Atlántico por Random House y The Other Press. Además de haber publicado en el mismo año relatos en la Revista Eñe y en el volumen Matar en Barcelona. A principios de año la revista Publishers Weekly la entrevistó para gran orgullo de su marido, y reproduzco aquí el texto de la entrevista.


UN ACERTIJO MENTAL, por Shaun Manning -- Publishers Weekly,  enero de 2009
¿Era la literatura muy importante en vuestra familia durante vuestra infancia, o tú y tu hermano llegasteis a vuestras carreras respectivas de forma independiente?
Yo no diría que la literatura fuera particularmente importante. Nuestro padre es pintor, o sea que había creatividad en el ambiente. Nunca hubo, por ejemplo, presión para hacerse abogados.
Como traductora, ¿eres más partidaria de una interpretación más literal de las palabras del autor o te concentras mas en preservar la intención del autor?
Hay que encontrar algo que funcione en inglés. A veces puede ser un acertijo mental que te da una gran satisfacción cuando lo resuelves, y a veces es la admisión de que no hay una respuesta perfecta. Yo intento mantener un equilibrio. A la hora de intentar transmitir el estilo del autor, intento no alejarme del texto. Pero por lo demás, si te pones demasiado estricto, te puede quedar una prosa muy envarada. A veces lo comparo con la oposición entre humildad y confianza en uno mismo. No puedes considerarte el autor, tú eres una simple herramienta, y ahí es donde entra la humildad. Sin embargo, la confianza en ti mismo entra en juego cuando tienes que tomar una decisión ejecutiva por el bien del lector y del autor, y tienes que saber que eso no tiene nada de malo, que es parte de tu trabajo.
Al principio, y ahora mismo llevo traducidas cincuenta páginas de una novela de quinientas, así que estoy sintiendo esa incomodidad de cuando te empiezas a meter en una traducción... Pero a medida que avanzas, la cosa tiene una inercia propia, y es como si te metieras en la piel del escritor y hablaras con su voz.
Pandora en el Congo y Mundo Maravilloso tienen estilos e historias muy distintos, pero ¿te parece que comparten cierta sensibilidad?
No me parece que compartan temas. Creo que Sánchez Piñol se basa más en la trama, mientras que Mundo Maravilloso tiene elementos estilísticos más obvios que entran en juego en la prosa. Lo único que tienen los dos libros en común es que los dos son divertidos, y es muy divertido traducir y transmitir ese humor. Pero sí que creo que son dos libros que tienen mucha imaginación.
¿Hubo algún momento en que tú y Javier estuvierais en desacuerdo sobre cómo se tenía que traducir una frase o un pasaje de Mundo Maravilloso?
Hubo algún momento así, y nuevamente pienso que es un ejemplo de lo que decía de la confianza en uno mismo. Para Xavi, el inglés es su tercer idioma, y lo habla muy bien. Sin embargo, yo tenía que ser la autoridad última. Así que fue interesante, porque cuando hay que decir que no, el autor no es quien tiene la última palabra sobre la traducción, es el traductor.

24 noviembre 2009

RÍOS OTRA VEZ PERDIDOS



Acaba de salir reimpreso mi ensayo psicogeográfico "Ríos perdidos" en el volumen colectivo Madrid/Barcelona. Literatura y ciudad (1995-2010) que ha compilado y editado el crítico Jordi Carrión para la editorial Iberoamericana. El extenso volumen recoge la obra de nada menos que veinticinco autores, entre ellos Enrique Vila-Matas, Manuel Delgado, Josep Maria Fonollosa, Elvira Navarro, Mercedes Cebrián, Manuel Vilas, Javier Pérez Andújar, Francisco Casavella, Roberto Bolaño, Vicente Luis Mora y Robert Juan-Cantavella. Dado el periodo abarcado por la antología, a mí me ha sorprendido lo cabal de la selección transgeneracional: Carrión no ha caído ni en el conservadurismo cerril de la gran mayoría de antologías académicas y periodísticas ni tampoco en el nocillismo tedioso. Hay una representación generosa de todas las generaciones, atenta al presente y con preponderancia del sector medio de autores entre los 35 y los 45, que es lo normal en un sistema literario saludable. Y además, me ha incluido a mí. ¿Se puede pedir más? Para quienes no lo sepan, "Ríos perdidos" se publicó originalmente en el libro Odio Barcelona (2008) y es una versión condensada y parcial del ensayo psicogeográfico sobre Barcelona del mismo título que llevo años escribiendo.

20 noviembre 2009

EL WESTERN DEL AÑO (QUE VIENE): PAÍS DE SOMBRAS



No sé muy bien qué es lo que determina qué es una traducción importante dentro de la carrera de un traductor literario. Desde el punto de vista de mi experiencia personal, sí que he tenido la impresión a veces de haber traducido novelas “importantes”, desde una perspectiva más o menos canónica: por ejemplo, The Adventures of Cavalier and Klay de Michael Chabon o Tree Of Smoke de Denis Johnson son obras monumentales que destacan sin discusión en una década de narrativa americana. Desde un punto de vista de aprendizaje personal, por otro lado, Girl with Curious Hair de David Foster Wallace supuso para mí un punto de inflexión. Por otro lado yo siempre he dicho que el trabajo de traducción del que me siento más orgulloso son las doce novelas de Terry Pratchett que he traducido al español para Plaza y Janés, cuyo humor verbal cristalino plantea unas dificultades para el traductor a menudo mucho mayores que toda la alta literatura que le pueda caer en las manos.
Todo este tipo de consideraciones han cambiado después de finalizar la traducción más larga e intensa de toda mi carrera. Se trata de la versión española de Shadow Country de Peter Matthiessen. Un año entero de mi vida (el 2009 para mí siempre estará asociado a este trabajo que se llevó la mitad de sus horas) que he invertido en intentar dar forma a un proyecto que no llamaré imposible, pero sí faraónico. Se la puede llamar una novela colosal, con el riesgo de sarcasmo inevitablemente asociado a sus 900 páginas de letra diminuta que “camuflan” más o menos las 1300 de los tres tomos en que se publicó originalmente. Colosal también por su condición de síntesis o reactivación, o quizás transmutación, de una tradición entera: la de Sinclair Lewis, Mark Twain, James Fenimore Cooper, Theodor Dreiser y William Faulkner (usando el vernáculo americano de dicha tradición). Novelización libre de la vida del plantador sureño y asesino múltiple Edgar Watson (1855-1910), Shadow Country fue concebida como una sola novela, luego dividida en tres para su publicación comercial y por fin reunida en este tomo que ganó con cierta polémica el National Book Award del año pasado. Los tres tomos del libro son radicalmente distintos pese a compartir protagonista, escenarios y personajes. Killing Mister Watson, el libro primero, con su perspectivismo faulkleriano al estilo As I Lay Dying, se centra en los acontecimientos que llevan al linchamiento de Edgar Watson por los habitantes de una mísera comunidad rural de Florida, narrados desde el punto de vista alternativo de una veintena larga de personajes. De los tres, es el que más se acerca al género de la tragedia: una revenge tragedy casi isabelina en su planteamiento y genuinamente modernista en la forma. Es también el que más se resiente de la traducción, ya que está escrito en realidad en tres variantes distintas de inglés: el americano histórico de principios del siglo XX, el dialecto rural pobre de los estados del Sur en aquella época y el idioma rudimentario de los esclavos negros recién emancipados por entonces.
Lost Man’s River, el segundo tomo, es un largo relato gótico de violencia y alcoholismo, increíblemente angustioso, opresivo y cargado de tensiones freudianas, en que el hijo de Watson, Lucius, convertido en escritor, reconstruye los asesinatos de su padre para un libro que está escribiendo. Cercano en ocasiones al relato de horror, contiene algunas de las descripciones de la muerte más espeluznantes que he leído. Pero es el tercer volumen, Bone by Bone, narrado por el mismo Watson, el más impresionante de los tres, donde la trilogía cobra su verdadero sentido y el asesino Watson emerge como la aterradora metáfora de América: cínico y violento, increíblemente hábil para los negocios, atemorizador de sus vecinos, increíblemente atractivo y seductor, su narración es ejercicio increíble de manipulación de la verdad, mentiras repulsivas y maldad en estado puro fácilmente identificable con esa máquina de matar y mentir que el público ha llegado a asociar con la parte más negativa de la política y la economía de Estados Unidos.



Nada permitía presagiar la aparición de esta novela tremenda en la carrera anterior de Peter Matthiessen (Nueva York, 1927), escritor, activista medioambiental y naturalista que antes de esta novela apenas había escrito más ficción que las novelas At Play in the Fields of the Lord y la vanguardista Far Tortuga. La recomiendo encarecidamente a americanófilos, a fans del western crepuscular y del gótico americano y a gente con el estómago de hierro: si creéis que Cormac McCarthy es violento, es que NO HABÉIS LEIDO Shadow Country. En junio de 2010, en la editorial Seix Barral. No os arrepentiréis, y en caso de que sí, siempre lo podéis usar como arma contundente. Laboralmente, por supuesto, a mí me ha dejado hecho migas y desesperadamente necesitado de unas vacaciones, pero la lista de espera de próximas traducciones es larga y ya me jadea en el cuello: This is Water de David Foster Wallace, Monstruous Regiment de Terry Pratchett, Nobody Move de Denis Johnson, Ablutions de Patrick DeWitt y Don’t Cry de Mary Gaitskill. Cuando la muerte me encuentre, me encontrará traduciendo.

16 noviembre 2009

CARNICERÍA BOSQUIANA: BRIAN EVENSON SOBRE 'WONDERFUL WORLD"




Hace un par de semanas que el traductor Carlos Pavón (capaz de enfrentarse nada menos que con Greg Egan) me escribió para llamarme la atención sobre una estupenda reseña de la versión inglesa de mi novela Mundo maravilloso firmada por el escritor Brian Evenson en la revista americana Rain Taxi. Como me suele pasar con estas cosas, la reseña me había pasado por alto completamente, tal vez porque está en el número de septiembre y yo me volví a Barcelona a principios de junio. Para quienes no lo conozcan, Evenson, autor de nueve obras de ficción, académico y traductor del francés, es una de las voces más innovadoras e importantes de la narrativa americana de la última década, particularmente con sus tres últimos libros, The Open Curtain, Last Days y Fugue State. Como me da mucha pereza traducir el texto entero de la reseña, me limito a incluirlo a continuación en el inglés original para quienes puedan (y quieran) leerla.

Boschian Carnage

A review by Brian Evenson

We've grown accustomed to using categories -- like "Literature" on the one hand and "Horror," "Science Fiction," and "Fantasy" on the other -- to divvy up the world of fiction into the "serious" and the "not-so-serious." When literary writers David Markson and Graham Greene slipped off into genre territory for a book or two, they called what they were doing "entertainments"; conversely, the renowned crime novelist Georges Simenon dubbed his ventures into psychological realism "hard novels" -- as opposed, one guesses, to his "easier" detective fiction. These writers felt they could move from one world to the other only as long as they gave the reader notice that they were crossing the border.
Contemporary authors are much less interested in keeping that distinction between genres clear. Authors like Kelly Link, Jonathan Lethem, Elizabeth Hand, and John Crowley -- who are capable of writing well within literary and popular genres and who don't hesitate to mix the two -- make distinctions between popular and serious fiction seem increasingly meaningless. Such distinctions tell us almost nothing about the quality of individual works. Others were quicker to recognize this than the American mainstream: indeed, while American critics were dismissing hardboiled and weird fiction as mere entertainment, the French were discussing its power and artistry; while we were deriding comic books as kid stuff, the French, Belgians, and Italians were making it into an art form.
Javier Calvo's Wonderful World -- his fourth book published in his native Spain, but his first to be translated into English -- plows through all sorts of genre lines. This lush, complex novel is part-thriller, part-comic book (without pictures), part-horror story, part-postmodern mash-up.

 At the novel's center is Lucas Giraut, a somewhat shell-shocked man in his thirties whose father has died under mysterious circumstances, leaving him with controlling interest in the family antiques firm. This behest makes his severely face-lifted and distant mother, Fanny, livid. She sets about trying to take control of the business by whatever means possible, even if that means arranging to have Lucas committed. Living downstairs from Lucas is his only friend: Valentina Parini, a twelve-year-old girl with an unhealthy obsession for Stephen King. This obsession culminates in a severe breakdown at a book release party for King's latest novel, Wonderful World.


Since no King novel called Wonderful World exists in real life, Calvo has been obliging enough to include three chapters of it here in typescript, at the end of each of the first three sections. The bits we get, of course, are relevant to Lucas's situation and may reveal something about his father's death. Calvo's imitation is not bad -- the novel's subject (alien mind control) is something King himself has tackled in Dreamcatcher -- but they don't mesh well with King stylistically. The sentences are generally choppier than King's, and the progression more mechanical; to anyone familiar with King, this dampens the overall effect of the echoes between pseudo-King's short chapters and the book that contains them.

Calvo's Wonderful World isn't the first book to make use of Stephen King's aura. In Stewart O'Nan's The Speed Queen, a murderer on death row named Marjorie Standiford sells her story to the famed horror novelist. The book purports to be a taped transcript, a record of Marjorie's story as she tells it, complete with directions to King on how he should write certain scenes. But O'Nan doesn't fall into the trap that Calvo does; he knows better than to try to reproduce King's voice.
Trying to discover what happened to his father, Lucas quickly becomes involved with one of his father's ex-partners, a man named Mr. Bocanegra who has a strange predilection for women's fur coats and an obsession with Pink Floyd. They engineer a heist likely either to make a lot of people rich or leave a lot of people dead. Haunted by portentous dreams, the criminal operation holding only tentatively together, Lucas has to try to stay out of an institution himself and to figure out a way to spring Valentina. Complications and eccentric minor characters abound.
If the point of Wonderful World is its plot, it has all the potential to be a first-rate thriller, and indeed there are a reasonable number of stretches in this 480-page novel where things move speedily, almost breathlessly. But for the most part, Calvo is content to let his plot advance slowly while he lingers over grotesque situations or bizarre characters. In one chapter, he details the Atomic restaurant, where customers eat surrounded by "unpleasant or potentially nauseating images" of nuclear destruction. In another, a Russian Rastafarian burglar accidentally rapes his long-lost sister. In still others we meet a torture artist who talks like Donald Duck and a criminal who analyzes his feelings of uselessness while watching his partner have sex with two prostitutes. The situations are often extreme, and Calvo rarely resists the temptation to revel in them; he always chooses to take the long way home, substituting the baroqueness of a bizarre, splattery world for the satisfactions of story. The result is something reminiscent of a Takashi Miike film, or of certain manga or graphic novels.
Consequently, Calvo has little interest in depicting rounded characters; instead he offers types that can be defined quickly as confluences of desires or fears, types more likely to be found in pulp fiction than in life. There is Manta, a hulking criminal henchman who resembles the Thing and who is obsessed with comics. There is Saudade, a well-hung handsome criminal who would always rather be having sex. There is Koldo Cruz, a man with a metal plate where a good part of his head should be. There are two identical twins who never function separately, a disturbed millionaire who never leaves his apartment, a porn star who wants to be a serious actress, a frigid Nordic gallery owner, and many others.


A little past the midpoint of the novel, a Russian heavy comments on the Louis Armstrong song which gives the novel its title:


“All that crap about the joy of being alive and waking up to see a new day. Bullshit....No, sweetheart. What Louis Armstrong is saying, like the genius that he is...is that the world is wonderful because the world is horrible. And therein lies his great wisdom. The crazies who get on a bus with a bomb and kill all the passengers. Or that gigantic wave that was on every TV news show. Those are the things that make the world wonderful.”

As dubious an interpretation of Armstrong's classic song as this is, it does capture the essence of Calvo's novel. Wonderful World is a lovingly graphic, over-the-top piece of Boschian carnage by an author who isn't too worried about staying within either bounds of a genre or the bounds of propriety. Is it good literature? Well, yes and no. Is it good genre fiction? Same answer. But it is nonetheless utterly its own animal: flawed and baggy to be sure, but also wonderfully risky and strangely unforgettable.


13 noviembre 2009

PAGANISMO POP (3) - IT'S THE LIFESTYLE!



El episodio de paganismo pop sobre black metal era indispensable, en mi opinión, pero no lo es menos esta nueva entrega, que he decidido dedicar al pagan folk. Si todo el mundo (más o menos) sabe lo que es el black metal, delimitar el concepto de pagan folk es casi imposible. Para empezar, por toda Europa hay miles de bandas de folk compuestas por wiccanos, hippies, medievalistas, neopaganos, supremacistas blancos, odinistas y mil especies asociadas que se podrían disputar el término. Luego está lo que se llama "neofolk", que fue aquel movimiento de imitadores de Death in June que hubo en los 90 (Spiritual Front, Blood Axis, etc). Nada que ver con lo que presento hoy. Y en última instancia, casi todo el folk tiene algo de pagano. Pero para simplificar, diré que el pagan folk (también conocido como pagan folk metal o incluso folk metal) es un movimiento musical, sobre todo underground, que se extendió a finales de los 90 por Noruega, Finlandia y la Federación Rusa. (También he oído alguna banda de pagan folk de sitios como Lituania o Hungría, pero la verdad es que esos países no los controlo nada). La fórmula musical es variable, pero está a medio camino entre el folk medieval y el black metal, y a menudo sus miembros vienen del BM o tienen proyectos paralelos de BM. Digo que es sobre todo underground, pero también hay bandas comerciales con éxito, como los finlandeses Finntroll. Los temas del pagan folk son la mitología nórdica y eslava, y a menudo tienen vínculos con el nacionalismo radical de sus países y con el supremacismo blanco. Algo maravilloso de estas bandas es su afición por la recreación medieval y sus vídeos donde invariablemente aparecen disfrazados de gente de la Edad Media haciendo cosas paganas en el bosque. Y claro, esto no me lo podía saltar.
Empiezo con una de mis bandas favoritas de pagan folk, los rusos Volkolak. Volkolak son una banda bastante underground, lo cual no les impide hacer videoclips sin parar a fin de poder enseñar sus poderes de recreación histórica. Sus vídeos son impagables pequeñas narraciones de venganzas, cacerías, batallas y mil otras cosas. Aunque en youtube circulan docenas de vídeos de Volkolak, he escogido un par de su disco de 2004 Slava Yarile (traducido: "salve Yarilo", que es el dios eslavo de la fertilidad, aunque en el disco pone que es el dios del sol), que es su disco que más conozco y me gusta. Enjoy.






Tres bandas más, tal vez menos interesantes musicalmente pero con estupendos vídeos. Los dos primeros son de Arkona, banda de metal pagano de Moscú, medio horterillas pero con encanto innegable, asociado a su vocalista femenina Masha Scream, que es una estrella del metal en Rusia. Estos son muy conocidos en la escena internacional, y su sonido es mucho más accesible. Lo mismo pasa con los autores del tercer vídeo, Ásmegin, noruegos en la misma vena horterilla, que ya me gustan un poco menos. Arkona y Ásmegin son tan populares que hasta tienen algún disco en Spotify. Yo sin embargo prefiero a los autores del cuarto vídeo, Fearlight, una banda muy poco conocida de San Petersburgo que se ha currado un vídeo encantador con un presupuesto inexistente.













Fidelius son alemanes y la verdad es que su sonido es mucho más folk medievalista que metal, pero parece que siempre los invitan a los festivales de pagan folk vikingo y eslavo, y además he incluido su vídeo por lo mucho que se han currado la escenografía medieval y los disfraces. Después he puesto a Arisk Priest, unos rusos que no están mal, aunque son musicalmente un poco confusos, y tiran más para el ambient y el black en la onda de Burzum (o lo intentan). Para terminar la sesión he puesto un vídeo de Finntroll, que a mí personalmente nunca me han gustado demasiado, pero no hay duda de que es la banda de folk metal que más vende en el mundo.











Podría haber incluido muchísimos más ejemplos, porque es realmente una escena genial. Pero claro, la mayoría de bandas no tienen demasiado dinero para grabar vídeos. Y Rusia es un mundo musical tan gigantesco que uno se pierde. Es fascinante, sin embargo, todo el revival de paganismo eslávico que ha habido por allí en la última década, con festivales, encuentros, rituales, etc. Esta serie, lamentablemente, ha de limitarse al vídeo musical, y eso mismo es lo que ofrece. Saludos pagano-poperos.

07 noviembre 2009

PEQUEÑA GUERRA PLANETARIA: EL FONDO DEL CIELO DE RODRIGO FRESÁN


Tengo un recuerdo lejano de una época en que yo era fan de los libros escritos por Rodrigo Fresán en Argentina, los libros de relatos Historia argentina y La velocidad de las cosas y la novela Esperanto. La razón de que esa época se alejara de mi recuerdo fueron las dos novelas que publicó tras mudarse a España, Mantra y Jardines de Kensington. Las dos me parecieron tan infinitamente superiores a todo lo anterior que anularon todo recuerdo previo. Era como si Fresán se hubiera vuelto loco al llegar a España, con una locura visionaria. Una fiebre de loco sagrado. Su estilo, que siempre había tenido mucho de espirales psicodélicas y retorcimientos neuróticos, se volvió ahora una tromba obsesivo-compulsiva, tortuosamente oscura, un delirio sobre-saturado de información, el grito de alguien que se agarra la cabeza después de haber leído demasiados libros, de haber visto demasiadas películas, demasiados programas de televisión, demasiadas canciones. Los libros de Fresán empezaron a crecer en todas direcciones, como fractales, generando partes nuevas y ritmos internos, incluso después de publicados, dando paso a interminables reediciones aumentadas. En ocasiones, la propia narración caía bajo las ruedas del puro vómito alucinado de referencias pop, como en la célebre lista que hace Peter Hook en Kensington de toda la gente famosa a la que conoció cuando era niño. Se trata de dos de las experiencias más fascinantes que he tenido como lector en mi vida entera.


Si entre Mantra y Kensington pasaron dos años, entre Kensington y El fondo del cielo han pasado seis. La secuencia de señales que durante esos seis años me llegaron de Fresán –su paternidad, el abandono de varios proyectos literarios, su mudanza a las colinas de las afueras, junto con su obsesión por escribir incesantemente prólogos, crónicas y reseñas de fan– me planteaban una incógnita y una sospecha. La incógnita era qué libro se puede escribir después de Jardines de Kensington, una novela solamente comparable en envergadura y ambición a monstruos del género como Rayuela, Respiración artificial o Los detectives salvajes. Y la sospecha de que el Fresán que emergería de esos seis años, el hiato más largo de su vida de escritor, sería otro Fresán. Un escritor distinto. A fin de cuentas, ¿qué efecto puede tener el ser padre en un escritor cuya obra se basa, al menos en parte, en la refutación febril de que exista nada más allá de la infancia? Cuando me llegó la novela en el correo, la devoré dos veces y empecé a sacar conclusiones. Ciertamente, El fondo del cielo no es para nada la novela de un escritor distinto. Lo cual no quiere decir que sea como las anteriores. Usando como campo metafórico la historia de la guerra moderna, me aventuro a decir que Mantra es la Primera Guerra Mundial: enorme, caótica y épica. Kensington es la Segunda Guerra Mundial: también épica, pero mucho más oscura y extraña y con un ritmo más mortífero. El fondo del cielo sería, citando un momento de sus páginas, “no una gran guerra mundial sino una pequeña guerra planetaria”. Algo así como Vietnam o Irak: más localizada y restringida, pero también más avanzada, más certera y sobre todo mas extraña.
El fondo del cielo, que se puede resumir en una línea como la historia de las repercusiones que tiene la presencia de un extraterrestre en la Tierra sobre las vidas de un grupo de fans adolescentes de la ciencia-ficción, empieza transitando terreno archiconocido por los fans de Fresán. Isaac Goldman y Ezra Leventhal son dos adolescentes mentalmente lesionados por sus respectivos dramas familiares freudianos, que, en un giro clásicamente fresaniano, convierten la ciencia ficción pulp en una religión. Sus patologías son parecidas pero distintas: “Mientras que Ezra buscaba el consuelo de otros mundos para intentar escapar de un futuro que lo obligaba a continuar la tradición familiar entre rollos de tela y maniquíes, Isaac necesitaba viajar a planetas lo más lejanos posibles de su pasado y del de los suyos”, dice el libro. Y en la misma página: “Para Ezra, la ciencia ficción era un punto de fuga, una puerta abierta a un mundo mejor, una sombra a la que había que iluminar para despertarla y verla. Para Isaac, en cambio, la ciencia ficción era algo en lo que creer: la única manera que tenía de comprender su vida y el planeta donde su vida se había posado”. La infancia como herida vuelve a ser el motor de la trama. “La infancia es radiación pura”, dice el libro, “que se niega a desaparecer y que hace saltar las agujas de nuestros contadores Geiger en los momentos más inesperados con un resplandor verde y fluorescente. Ese inequívoco color verde ciencia-ficción. Verde alienígena”.


Juntos, Isaac y Ezra se convierten en Los Lejanos, una de las muchas facciones de un submundo alucinado de muchachos heridos y refugiados en escribir historias de planetas lejanos. En sus días de plenitud se les unen Jefferson Franklyn Darlingskill, el estúpido pero entusiasta heredero de un magnate de los grandes almacenes, y la Chica Rara, una muchacha extraña y hermosa “como una explosión nuclear” cuyos trances y visiones de colores salidos del espacio sugieren alguna clase de hipersensibilidad psíquica sobrenatural. El destino se cruza con este grupo de muchachos y muchachas en forma de un sobreviviente alienígena, el último nativo de Urkh 24, un planeta destruido cuyo nombre significa “Aquel lugar donde se dejan oír las melodías más desconsoladas”. El extraterrestre sin nombre transforma a la Chica Rara en puente entre su mente y el planeta humano, y destruye el mundo de Los Lejanos mandando a cada uno de ellos a un destierro singular por los rincones del multiverso. Isaac, a quien “le corresponden situaciones casi normales, aburridas y felizmente domésticas”, vive “sin entender. Sin querer entender. Tan sólo queriendo. Puro sentimiento y nada de lógica”. Su existencia será la de un mediocre escritor televisivo de ciencia ficción, autor de guiones para el popular space opera “Star Bound”, solitario y lúgubre. A Ezra, que abandona la literatura para hacerse físico revolucionario al servicio de las guerras ocultas de su país, “le tocan los destinos más extremos”, que consisten en ir encarnando al villano apocalíptico en las distintas versiones históricas del multiverso. A diferencia de Isaac, dice Ezra, “mi combustible siempre ha sido la furia ante lo incomprensible. La furia ante lo inexplicable de su desaparición y por lo tanto me tocan destinos horribles, aparezco en los sitios más detestables”. Él será el Deshacedor, el villano más temible de la historia, el que está detrás del atentado de las Torres Gemelas “y de todo lo demás”. El más fascinante de todos los destierros, sin embargo, es el de la Chica Rara, que en calidad de heredera de la estirpe de los humanos-puente con el planeta del extraterrestre, se ve obligada a casarse con Darlingskill para atajar un ramal del multiverso en que éste, humillado por su falta de talento para la ciencia ficción, decide crear un culto religioso que acaba abduciendo al presidente de Estados Unidos y conduciendo al armagedón nuclear. Atrapada en el suburbio de Sad Songs donde vive su matrimonio irreal, pero habitando mentalmente en una noche de nieve donde quedó encerrado su amor por Ezra e Isaac, la Chica Rara se dedica a escribir Evasión, una monumental novela de ciencia-ficción “basada en hechos reales” que no es más que la transcripción de la mente del náufrago extraterrestre.
Los elementos de la trama son perfectamente familiares: la muerte, el pasado como algo que lo invade todo, el refugiarse de la conciencia en otros mundos, la creación y el consumo de ficciones como sustituto (o detrimento) de la vida. La abundancia de ecos de las novelas anteriores, no solamente temáticos sino también elementos de trama, como por ejemplo la película 2001, cobra sentido dentro de la concepción fresaniana de cada nuevo libro como capítulo que se añade a una saga. Nunca que yo recuerde había sido Fresán tan “romántico”, y aquí uso romanticismo en el sentido de desviación de un impulso religioso a la esfera estética y en cierto modo también a la erótica. Las alusiones a la cábala y la noción que se da en el libro de la magia como algo que “reside en poder existir en un estado de conciencia en que el pasado y el futuro se antojan como sitios posibles de intercambiar su ubicación” son ideas genuinamente románticas-religiosas, apelaciones a un “sentido primitivo de la existencia” que equivaldría a “una transgresión de nuestro modo de separar lo real de lo imaginario”. También es elocuente la presentación que hace la novela de sí misma como relato de amor, apoyado ocasionalmente en las descripciones de la Chica Rara en términos de misticismo romántico. Su nombre, por ejemplo, no aparece en ningún momento, porque pertenece al reino de lo sagrado-numinoso. Su rostro “es el resplandor que todo lo ilumina o lo arrasa”. Esto vuelve a ser, retomando el vocabulario freudiano, otro desplazamiento. La obra de Fresán nunca ha estado interesada en el amor erótico, salvo como metáfora de otras cosas. La verdadera fascinación que hay en El fondo del cielo, igual que en las novelas anteriores, es por  otras cosas: la experiencia singular y la conciencia alucinada; el gran evento histórico y el cataclismo (la recreación del 9/11 aquí es un eco del avión que se estrella en México D.F. en Mantra); y finalmente, la gran gesta artística, el artista demente y el sacrificio en el altar del arte, lo cual explica que los tres escritores reales que aparecen en la trama, Dick, Lovecraft y Hubbard, sean artistas profundamente liminales cuya obra y vida se confunden.


Lo que es nuevo en El fondo del cielo, por tanto, no es todo lo que compone la trama: es la trama en sí. Y es que a diferencia de sus dos predecesoras, y en realidad de prácticamente toda la obra de Fresán, este nuevo libro no se basa en la expansión. No tiene forma de onda expansiva. Aunque sería excesivo hablar de contención tratándose de un libro de Fresán, sí que es obvio que los materiales han sido organizados siguiendo un principio mucho más basado en la implosión que en la explosión. Retomando la metáfora bélica propuesta antes, evitando la extensión del conflicto. A fin de ampliar la perspectiva del relato sin alargarlo mucho, por ejemplo, se ha dividido la narración en una secuencia de tres narradores. La primera parte se organiza en torno a dos elipsis que afectan a los momentos centrales de la trama: la separación de los amigos en torno a la activación psíquica de la Chica Rara y la Noche de los Hombres de Nieve, y más tarde lo que el narrador denomina El Incidente, asociado con un desplazamiento dimensional que cierra la trama. Las partes segunda y la tercera proporcionan las respuestas a los interrogantes, configurando una estructura mucho más basada en la resolución de un misterio que ningún libro anterior del autor. Todo esto tiene un resultado doble. Por un lado, la trama salta al primer plano. Las líneas se vuelven claras. La huida del yo a un ámbito donde lo extra-terrestre se presenta como el reino de la simultaneidad, y por tanto de la inmortalidad, queda dibujada de forma nítida, sin meandros, igual que el encierro final de ese yo en una trampa donde la simultaneidad conduce a la infinitud de las posibilidades y por tanto a la indefinición.
El segundo resultado de este giro formal es llevar a cabo un exitoso golpe de efecto en un momento de la carrera de un escritor que, después de dos obras monumentales, siempre es complicado. Sin renunciar a esa condición de distintos capítulos de una Gran Novela que los lectores de Fresán buscamos en todos sus libros, El fondo del cielo reinventa en gran medida la novela fresaniana. Expande su radio de acción y lo sofistica. Y ofrece una respuesta magnífica a la duda de qué escribe uno después de Jardines de Kensington. Y la respuesta es: un libro igual de magnífico. Igual de extraño. Igual de poco convencional. Y tal vez, para muchos, más fácil de disfrutar.

02 noviembre 2009

N.C.G. (NOVA CULTURA GRACIENCA)



Quienes me conocen saben que mi relación psicogeográfica con Barcelona es un poco compleja, y que lo va siendo más a medida que me hago viejo y cascarrabias. Detesto profundamente salir de mi barrio, y me enorgullezco de pasarme meses sin hacerlo (cuando lo hago, suele ser para cruzar las Ramblas y adentrarme unos metros en el Gótico, lo cual me parece tolerable). La Calle Pelayo es una muralla psíquica infraqueable. Mi odio por todo lo que se extiende más allá del Casco Antiguo es tan grande que creo ser el único habitante de la ciudad que sería partidario de volver a levantar las Murallas. Las viejas y hermosas Murallas. Con la salvedad de que esta vez, en vez de tener la Peste Bubónica dentro, la echaría por la parte de fuera.
Y de todas las zonas de la Barcelona de extramuros (mal llamada Barcelona, porque no lo es, es el Llano de Barcelona), no he odiado ninguna con la pasión con la que he odiado la Vila de Gràcia.
Mi odio por la V. de G. se fraguó en la década de los 90. Barcelona se estaba hundiendo a toda prisa en la ignominia en la que estamos ahora, y un contingente vagamente identificable con mi generación (o por lo menos, con lo peor de cada casa de mi generación) corrió a refugiarse de la que se avecinaba en las calles mugrientas del centro, con sus ya legendarios bares grasientos de after (el Popoff, el Aurora, Rei de Copes, Les Enfants, el Moog, etc). Entretanto, Gràcia, esfumados los vestigios de la década anterior, pasó a convertirse en el Barrio Políticamente Correcto de la ciudad, un adefesio poblado de cines de arte y ensayo, tiendas de ropa multi-culti, cafeterías libanesas, locales para intelectualoides de tres al cuarto y otras manifestaciones de corrupción espiritual por el estilo. Por sus calles limpias de putas y árabes y droga circulaban (y circulan) los profesionales liberales, los abstemios, los aficionados al cine iraní y todas las clases habidas y por haber de Culturetas (no sé si el “Cultureta” es un concepto barcelonés o universal, alguien me lo tendría que aclarar). Cogidos de la mano, eso sí, con los niños pijos y niñas pijas de la JNC y las JERC, con sus rastas y sus litronas y sus ortodoncias pagadas por papá, ocupando edificios para tener algo que hacer el fin de semana, haciendo tiempo antes de coger el tren y volverse a Manresa y a Vic para casarse con el granjero de al lado. ¡BARF!



Por desgracia, la ruina espiritual llegó también a nuestros barrios. La ciudad entera se convirtió en la desgracia que es ahora, y el resto es Historia. Aunque…
Aunque…
Es con pesar y un poco de vergüenza que admito esto, pero tardé muchos años en reconocer que estaba pasando algo en Gràcia. No algo interesante, sino más que interesante: algo que habíamos echado de menos toda la vida. Algo de lo que estar orgulloso. Me refiero a lo que voy a denominar Nova Cultura Gracienca. El concepto me lo acabo de sacar de la manga, y de hecho no se refiere a nada nuevo, pero me gusta como eslogan, y para mí es bastante nuevo, y además cualquiera que lo haya tocado un poco sabrá a que me refiero. La Nova Cultura Gracienca es subterránea (¡POR FIN!) y gloriosamente altiva, pese a cierta fachada de bonhomia. Si quisiera encontrarle un principio histórico, pese al riesgo de ser arbitrario, lo pondría en 1997. Ese año nació la asociación Gràcia Territori Sonor, dedicada al fomento y la práctica de la música experimental, auspiciada por Víctor Nubla de Macromassa. El mismo año el bar Heliogàbal programó “Viatge a la Polinesia”, un ciclo de recitales en directo donde se mezclaban la poesía con la música y la performance, con gente como Eduard Escofet, Accidents Polipoètics, Enric Cassasses o David Castillo (el festival de Polipoesia se llevaba celebrando desde 1992, que es cuando empezaron los Accidents, si no me equivoco). En 1998 se publicó Plaça del Raspall de Cassasses, un libro que de forma retrospectiva tal vez podríamos llamar emblemático de la N.C.G. En 2000, como es sabido, nació el festival LEM.
Durante los primeros años de esta conspiración sonora-poética-performática subterránea frecuenté algún que otro recital y leí algún que otro libro. Sin embargo, me frenaba el hecho de que todo tuviera lugar en mi barrio más odiado, y además gran parte de mi dignidad pública ya pasaba por no salir jamás del Casco Antiguo. Probablemente fue mi amigo Lucas Quejido quien me hizo salir (tarde) de mi error, y empezar a frecuentar conciertos en el Eléctric y el Helio, con sus ciclos gloriosos como Cabaret Hoffman. En 2006 los activistas de la N.C.G. se atrevieron a programar una Noche de Perucho y Cirlot, mis dos escritores barceloneses favoritos de todos los tiempos. Aquello me terminó de hacer bajar del burro de un empujón.





Ya en 2009 llegaron a mis manos dos libros a través de las manos de Lucas Quejido. Uno de ellos, Nueve fresquísimos d’Espanya, es un libro colectivo de poesía que despide por todas partes aroma a N.C.G. (solamente hay que leer la página de agradecimientos), pero que para mí es especialmente emocionante porque contiene los primeros poemas publicados de dos de mis más viejos amigos en esta ciudad: los músicos y poetas Lucas Quejido y Xavier Tort. La premisa de la antología es fabulosa: para entrar en ella había que haber tenido “una condición hasta ahora espectral”. Es decir, que la condición de poetas de sus integrantes tenía que haber permanecido “hasta ahora oculta, inédita, impostada en otros avatares o sencillamente tomada por el virus de la parsimonia”. Alarde de subterraneidad, sí. Y también cierto afán bromista-provocador, que no puedo evitar asociar con otro de los antologados, Sebastià Jovani.



De Sebastià Jovani yo no había oído hablar hasta que Lucas me puso en las manos sus dos libros, el ya mencionado y la fabulosa novela Emulsió de ferro. La casualidad quiso que también nos antologaran juntos en Matar en Barcelona, con lo cual Jovani pasó de no existir en mi vida a estar prácticamente en la sopa. Emulsió de ferro, una de las novelas más bromistas y divertidas que he leído en mucho tiempo, pero también rabiosamente bien escrita. Se trata de un artefacto narrativo extrañísimo, formalmente una novela negra convencional, pero donde los personajes centrales han sido reemplazados por versiones à clef de músicos y personajes del underground musical de Gracia a finales de los 70. Por sus páginas circulan (espero que no esté fuera de lugar decirlo) los músicos Víctor Nubla y Juan Crek de Macromassa, Pascal Comelade y hasta el coleccionista de discos y célebre chifladito callejero Flowers, de cuya existencia yo llevaba por lo menos diez años sin acordarme. No quiero desvelar la trama porque es mejor disfrutarla, y además el libro se lee en una tarde. Pero la historia arranca con el hallazgo del cadáver de Dieter Kroptke, un activista contracultural alemán, en la Plaza del Raspall de Gracia en 1976. La intriga incluye a un detective privado/músico de vanguardia; un grupúsculo berlinés llamado Ende Neu (identificados con el cíclope de Einstuerzende Neubauten) que custodia las cintas de un discurso en alemán acerca de un “acorde perfecto”; un grupo masónico internacional que rinde culto al sonido y, lo mejor de todo, una sociedad secreta tardo-franquista que lucha por defender el costumbrismo de las amenazas de la modernidad cultural. La banda sonora de la novela es un encantador collage de Henry Cow, el krautrock, rock de Canterbury, Robert Wyatt, etc. Los escenarios son emisoras de radio libertarias y bares bohemios donde pinchan krautrock toda la noche. Cierto: Jovani mitifica la Vila de Gràcia, no solamente en sus descripciones, sino en su representación idealizada de la bohemia, la contracultura, el mundo de los gitanos de Gracia, y en general por su incidencia en esa idea de Gracia como icono de libertarismo y transgresión. En suma: todas esas ideas estereotipadas sobre Gracia que siempre he detestado profundamente. Sin embargo, aquí hay algo más.
Emulsió de ferro es un ejercicio mitográfico porque es la novela fundacional de la N.C.G. Su manifiesto. Permitidme que le dé este giro conceptual. Una novela negra que es también un manifiesto de vanguardia sobre la vanguardia. Más que una broma privada. Más que una declaración de intenciones. Un programa de acción. Una vindicación bélica del mundo subterráneo.
Yo odié Gràcia profundamente, y gran parte de mi corazón todavía la odia. Ahora sin embargo, tengo razones para coger un taxi y visitarla. Y estos libros maravillosos que me alegran el corazón. Por tanto:
Donde dije “digo”, ahora digo: DIEGO.
Gràcia rules.